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para nadie más

Prolífica

Hoy me siento prolífica.
Quizá esto signifique que no vuelvo a escribir en una semana, pero la verdad es que me da igual, porque hoy me siento "flex", jeje.

Vivo en una residencia de estudiantes, al fondo del pasillo, y para llegar a mi puerta, antes tengo que pasar unas veintitantas y ante cada una de ellas el olor es distinto.
Desde hace tres o cuatro días, a unos veinte pasos del ascensor huele a Ambipur. Pero mucho. Parece que alguien está escondiendo un cadáver o algo chungo. Más adelante, huele a Nenuco; el olor del baño de mi abuela. Y especialmente a la hora de las comidas...
De vez en cuando, la gente deja la bolsa de la basura fuera de su puerta para bajarla al salir, y no hace falta que comente nada...
Y mientras escojo la llave, no siempre, huele al incienso de mi vecina de enfrente. Ella lo enciende más a menudo que yo.

Estos paseos resultan para todos una gama inimaginable de sensaciones. Últimamente son más bien olfativas, pero por lo general son auditivas.

En la residencia estamos chicos y chicas. Bakalas, poppies, jevochos, pachangueros... somos una mezcolanza de músicas que ni en Benicàssim. Los primeros del pasillo son más bakalas, y a medida que profundizas, los sonidos se vuelven más rebeldes y más étnicos. Mi mejor amigo, del que ya he hablado, mi "compañero de cocina" -que es lo que compartimos-, es del modelo rebelde, y a veces se pica con el vecino de pared, un bakala, a ver quién pone la música más alta. Pero esto es lo que sucede en mi pasillo. Si te mueves por otros pisos o por el "Ala Este" de éste, se oyen otras cosas... algunas zonas muestran su lado más romántico, las hay que son silenciosas; otras no muestran música, sino gente con sus juegos de ordenador o alguna peli; y según qué oídos, imagino que habrá quien escuche parejas, que aquí abundan.

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